Mi pasión por el chocolate y mis primeros bombones

Mi pasión por el chocolate y mis primeros bombones


Todo el que me conoce, sabe que adoro la cocina y, muy especialmente, la repostería.

            Viene de lejos, de mucho antes de que la cocina se convirtiera en una moda social y mediática (cosa de la que me alegro enormemente). Lo cierto es que voy camino de los cuarenta años y con las ollas y los fogones empecé siendo un niño. Y, curiosamente, fue cosa de mi padre, que solía decir, en su empeño por convertirme en un caballero, que no podía despertarse una mujer a mi lado sin tener preparado el desayuno… Sí, la verdad es que el viejo tenía una visión del mundo muy particular, pero el caso es que las primeras cosas que aprendí a cocinar fueron crèpes, galletas, magdalenas y bizcochos. Y de eso hace ya más de treinta años.

            Sin embargo, pese a ese dulce comienzo (y reconociendo que en más de una ocasión, tiempo después, esas pericias me permitieron quedar muy bien tras una noche ajetreada) nunca he sido un gran comedor de dulces. Aun así, mi pasión por la cocina y la repostería en particular ha ido creciendo con los años. Además, en los últimos tiempos, gracias al éxito de mis novelas, se han abierto puertas fantásticas en eso de las relaciones sociales y he podido conocer a algunas de las mejores espadas de la cocina española. Más aún, he podido comer en algunos de sus restaurantes y, abusando de su paciencia, he aprendido mucho.
            De modo que, con práctica y tesón, aprovechando muchos consejos y leyendo infinidad de libros, poco a poco, he ido aprendiendo a elaborar incluso complicados pasteles de varias capas.

            Me he atrevido con hojaldres, masas quebradas, quesos helados, espumas, sorbetes, frutas escarchadas y mil cosas más. Sin embargo, debo reconocer que el chocolate siempre se me había resistido.

            Las particularidades de la cristalización del chocolate y el complejo proceso del atemperado han sido durante años mi talón de Aquiles. Pero en el último mes, aprovechando unos cuantos días libres, he conseguido, al fin, una aproximación decente.
            Chocolate con brillo, camisa fina y un relleno cremoso, bien repartido y sin huecos.




            Tras muchos intentos, unos bombones decentes.
            Sé que me queda mucho por aprender, pero deben permitirme que sienta cierto orgullo por los pasos dados.

            Anímense, con tesón puede conseguirse.
            Francisco Narla