La Torre Oscura


Stpehen King es uno de mis autores de referencia.
            Resulta curioso comprobar cómo los autores que han sabido conectar con el público una vez tras otra, vendiendo cientos de miles de copias, son a veces obviados e incluso menospreciados por la crítica. Un fenómeno curioso cuando se reflexiona un poco. Los que hoy llamamos clásicos fueron en su momento fenómenos populares que vendieron extremadamente bien. Desde Aristóteles a Cervantes, todos ellos, loados por su calidad, fueron en su tiempo fenómenos de masas. Shakespeare llenaba teatros, igual que mi admirado Lope de Vega.

            En ese hilo de reflexiones merece la pena hojear “Código best-seller” de Sergio Vila-Sanjuán, donde el reconocido crítico destripa algunos de los libros más vendidos de los últimos años y brinda una conclusión que va en la misma línea de lo expuesto.
            En cualquier caso y reconociendo que no es a mí a quien me corresponde juzgarlo, Stephen King ha sido siempre uno de mis autores de referencia y lo he aireado con convicción en todo momento, sin tapujo alguno.
            Y, de entre todas sus novelas y sagas, la preferida es, sin duda alguna, la serie “La torre oscura”, que no solo supuso una compañía impagable durante su lectura, sino una auténtica amiga durante los más de veinte años que Stephen King necesitó para completarla.

            De ahí que, cuando ya hace tiempo empezó a rumorearse que se iba a realizar una adaptación cinematográfica de las miles y miles de páginas que componen la saga, me emocioné, pues siempre he disfrutado de ese tipo de expectativas.
            Sin embargo, igual que ha sucedido en tantas otras ocasiones, y más con una obra de tal envergadura, se corría el riesgo de estropear un maravilloso libro a través de una película fallida.

            En el caso de “La torre oscura”, muy pronto se empezó a rumorear que podía seguirse el ejemplo de “El señor de los anillos” y llevarlo un poco más allá; serían tres largometrajes que, además, se complementarían con una serie televisiva que cubriría los años jóvenes del protagonista de la saga.

            Parecía una idea atractiva. Sin embargo, los excesos de presupuesto que suponían un proyecto así pronto le pusieron freno y, finalmente, el resultado ha sido un único largometraje digamos que, peculiar.

            Sinceramente, esperaba un fiasco como el de “El médico”, o “El viejo que leía novelas de amor”, pero me equivoqué.
            La película no cuenta, ni se asoma siquiera, a la gigantesca historia que refleja la grandiosa saga del maestro King, pero es respetuosa con el mundo que encierra esas páginas, casi como si fuera un relato aparte, como fue “A través del ojo de la cerradura”.
            En fin, me he quedado con las ganas de ver una verdadera adaptación de una de mis historias preferidas, pero no salí del cine enrabietado.

            Francisco Narla